Apocatástasis

Éramos tú y yo,
No había mundo,
No había sostén de la existencia,
No había ni luna ni sol.
Podríamos decir que el abajo era la cama
Y el arriba una bóveda de polvo que se amalgamaba.
Podríamos decir que no quisimos luz
Y que nos tragamos las estrellas.
Que no hacía frío ni calor,
Que no hacía falta que supiéramos nada.

Hundimos las montañas antes de que éstas emergieran.

El agua única,
La savia codiciada,
La potencia del ser,
Pasaba de tu boca a la mía,
De mi boca a la tuya,
Y el futuro universo
Se debatía en nuestros labios
Como un posible feto acariciado por la consistencia.

Sólo eran tus brazos,
Tus dedos,
Tus uñas mordidas,
Tu cabello sorprendido por el caos,
Tu torso en crecimiento,
Tu pelvis creando el inicio del tiempo.
Sólo eran tus pies,
Tus muslos temblorosos,
Tus ojos infinitos y transparentes,
Felices y vigorosos,
Profundos como la primera palabra.

Sólo éramos tú y yo
Y la esquizofrenia del taumaturgo,
La megalomanía del príncipe caído,
La resurrección del primer deseo.
La falacia del eterno contingente.
Nada más,
Pues un poder aún más intenso,
Ignoto y lúdico,
Digamos,
El GRAN TITIRITERO,
Descolgó una araña ponzoñosa,
Negra,
Silenciosa,
Acechante…
E inauguró el tiempo de la muerte
Quebrantando el beso originario.

1 comentario:

Anónimo dijo...

mario esta increible tu poema me encanto!