UN KILO HECATÓMBICO


Donna Máter Síngula Regina, consorte decana del Emperador Catulo IV de la Confederación de Contenedores Urbanos Intergalácticos PALADION M-28, conocida en la historia del Universo por su gula de las llamadas “frutas tropicales”, producidas por aquel entonces en las granjas parásito del sistema de estaciones SOLARIUM-0, últimas colonias habitables del primigenio Sistema Solar, fue la causante de la perdición de su pueblo.
Los hechos se dieron de la siguiente forma: El sistema masivo de libre comercio entre todas las colonias humanas interestelares, amigas o enemigas, era la condición y el sustento económico por aquellos entonces. Esto generaba un procedimiento mercantil que se servía de la publicidad a través de todos los medios masivos de comunicación para cautivar al público y lograr atizar la compulsión consumista en los habitantes de la Gran Unión. En nuestros tiempos actuales esto nos suena irrisorio, sin embargo, por aquellos entonces, la Gran Unión conservaba muchos rasgos heredados por la Madre Tierra, muchos de los mismos rasgos que produjeron la cuasi extinción de la especie humana.
Por aquellos tiempos las llamadas “mini sociedades separatistas” (MISOSEPS), núcleos étnicos bien diferenciados y más allá de toda ley, se habían coalicionado con las mafias y la delincuencia organizada para poner en jaque a la Gran Unión mediante una serie de atentados y boicots de todo tipo. No hay que señalar que uno de los cotos de poder más represivos, y por ello más odiados, era PALADION M-28. Murieron millones. Las MISOSEPS, hábiles y creativas, desarrollaron una serie de técnicas de violencia, intrusión y terrorismo que aún ahora se presentan como ejemplo de organización y suficiencia de un pueblo.
En el caso de la destrucción de PALADION M-28, su emperatriz decana, Donna Máter Síngula Regina, es encaprichó con un kilo de naranjas que los ingenieros genéticos habían ofrecido al mejor postor. Se sabe que las naranjas fueron un fruto común en los países tropicales y aun en los subtropicales de Tierra Madre, sin embargo, luego de la hecatombe, su genoma fue de los muchos que quedaron perdidos en la nave PENTATEUCO, la cual fue finalmente rescatada 30 000 años después en la constelación de Géminis (perspectiva terrícola), en tiempos del Emperador Catulo IV. La noticia de que por fin se producirían naranjas en SOLARIUM-0, fue como si el sabor y el recuerdo de aquellos soles primigenios estallara en las bocas de todas las damas y cortesanas de la Gran Unión. Todo mundo quería adueñarse de ese maravilloso kilo que contenía, según algunas crónicas, un sabor, un olor y unas propiedades inefables ya para la época.
Y fue así que Donna Máter Síngula Regina se encaprichó a tal grado con la idea de adquirir el kilo, que sucumbió a los ardides de la publicidad, calló de rodillas ante los vendedores que le traían esencia e imágenes holográficas desde el Sistema Solar y convenció al Emperador, su esposo, de acaparar las naranjas al precio de cuatro planetas de xenón y tres ciudades enteras, finalmente las únicas que resultarían sobrevivientes de PALADION M-28.
El kilo llegó, digamos, una mañana. Fue aposentado sobre una bandeja de platino en el comedor principal de palacio. Funcionarios, damas, cortesanos, diplomáticos e invitados especiales se daban cita en el gran salón. La emperatriz, desde luego, tendría la primicia de partir y desgajar el fruto. Lo que no sabía era que dentro de cada una de las cuatro naranjas que juntas pesaban un kilo, se ocultaba un hábil mecanismo de bomba de fusión de partícula G que acabaría en microsegundos con todo el imperio y sus satélites.
Y así sucedió.
Y nadie probó las naranjas.
Y el genoma fue robado y no sabemos hasta la fecha quién pudo gozar de un pedazo de sol en la boca.

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