EL HJO DEL PROFETA (cuento de antisuperación personal)

No era un sueño, sino la realidad que salía del bosque y se desvanecía al tocar las primeras piedras del desierto. El hijo del profeta había despertado junto a su padre, mejor dicho, junto a donde debería haber amanecido su padre: la orilla ríspida del río que descendía entre breñales hacia las planicies pedregosas y resecas.
Una noche antes, al abrigo de las estrellas meridionales, el profeta le había dicho:
-El bosque retrocede a costa del desierto.
Y entonces calló y el murmullo de las aguas sobrepasaba la cabalgata de las constelaciones.
-Padre, ¿qué será de nosotros mañana?
Preguntó el hijo, mirando los ojos pequeños, profundos, atemporales. Los ojos del tiempo abiertos al cosmos por medio de unas pestañas de plata arremolinada.
-Será lo mismo, pero habrás crecido.
-No entiendo, padre.
-Mañana te quedará claro.
Y se durmieron sin más abrigo que el aliento fresco que aún llegaba desde el bosque por medio del río.
Y no era un sueño, pero el profeta estaba del otro lado de la corriente, desnudo y cubierto de arena, hecho un ovillo que se confundía con las rocas.
Y así, el hijo del profeta lo vio levitar unos instantes y ver cómo sus pies de peregrino acariciaban el aire y la superficie de la tierra.
Ya no hizo falta hacer más preguntas.
Sabía lo necesario.
El hijo del profeta vio cómo su padre volvía flotando al centro del río y en él se hundía como quien mete la mano en el fuego y sonríe por la sensación de la transformación total.

3 comentarios:

Baigorritz dijo...

Originalmente escrito en una lengua sinotibetana que ya ha muerto. Traducción de Don Fucio.

rol@nd'O dijo...

cuales cuentos hiciste ?

rol@nd'O dijo...

si sigues esribiendo y leyendo tanto te volveras loco.

q los elfos quemen todos los libros del mundo!!!