Ante los efectos de la devaluación, la sra. Kunst colapsó. Sus manos temblaban. Sus ojos se pusieron muy redondos, como hostias. No soportaba la presencia de billetes, cheques o documentos con cifras en las inmediaciones de su campo visual.
Tiró sus arcones al río.
Sus últimos días los pasó sentada sobre el refrigerador. Abriendo y redondeando los labios, sólo decía: cero cero cero cero cero cero cero cero oooooooooo 0000000000000000000000000..................
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