Las palabras antiguas renacen en la punta de mi lengua,
Con polvo en la saliva,
Una duna que balbucea,
Una tormenta de arena petrificada.
Las palabras antiguas renacen en el umbral de mi oído,
Con aldabazos herrumbrados,
Un golpe que orada,
Un orín de voces encerradas en el olvido.
Las palabras antiguas renacen en mis gestos,
Con costras de pórfido,
Una columna que se resquebraja,
Escayola terrible con frescos que nunca secaron.
Las palabras antiguas renacen en mis pulmones,
Con eclosiones de huevos llenos de cera,
Un fémur que se fractura,
Aliento rojo coronado de estalactitas.
Las palabras antiguas renacen en mi mente,
Con cristalizaciones punzantes,
El misterio permanente que se revela,
Todas las palabras en estallido.
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