Las hadas amarillas
no alcanzan a brotar
en esta ruina.
¡Qué acto perverso de erotismo místico
Santo Domingo
lamiendo la herida de Cristo!
Se ha vuelto
la ciudad
un río revuelto.
Cipactonal
permanece
con las fauces abiertas.
Están sedientos
los dioses
de la sangre.
Somos esclavos
regidos
por una CONSTITUCIÓN.
Cloaca de inmundicias,
revolcadero de homúnculos,
el Ombligo del Mundo.
Nos esforzamos
por violentar
la estructura del mundo.
Un gato ciego
que perdió el olfato
me mira desde su conciencia.
Esta ciudad
es una falda de serpientes
sin un rostro, sin un corazón.
La piel de esta gente
se carcome.
Es el hambre cósmica.
Ya no hay sacrificios,
ya no hay tzompantli,
sólo balaceras.
Desde la ventana me mira
el espectro iracundo
de mi abuela.
Arropados en arte
los teófagos cristianos
son imponderables.