Justificante tapatío para no nadar en la piscina del colegio

En la capital del Reino de la Nueva Galicia
En el año de Nuestro Señor dos mil y ocho


A quien corresponda y ataña:


Por medio de la presente misiva hago constar que la Princesa Fernanda Osagüera Primera de los Fundidores, Infanta de Guadalajara, Heredera de Plaza Andares, Señora de las Apoltronadas, Dechado de Sopores y Perezas, Misteriosa Tañedora de Guitarra, la de Andar Semicisnesco, Augusta entre las que vaquiformes bostezan, Ostentadora del Humo Alquitranado, Soberana de las Pirómanas, Primera Dama del Máximo Bodeguero de Abastos, Magnolia de Belleza sin igual, de brazos pozoleros y talle lonjil, está totalmente excusada de nadar en la piscina de vuestra institución; es más, ni siquiera debe tocar con sus delicados dedos peludos una sola gota de agua, dado que, siendo ella tan princesa, tan hermosa, tan gloriosa, tan real, su corona de oro engarzada con diamantes y zafiros, corre riesgo de mojarse y de perder su lustre. Como no se la puede quitar, porque las princesas NO se quitan nunca sus ornatos, mucho menos el aurífero arriba mencionado, pues está de más decir que nadar se vuelve para ella un asunto prohibitivo, casi problema de estado.


Agradecemos vuestra comprensión y vuestras acciones para salvaguardar la figura que simboliza nuestra nación.


Con toda la autoridad que Dios me ha dado,


Su mamá, LA REINA VIP.



Postdata: se suplica también hacer extensiva esta orden real a la persona ilustrísima del príncipe Temochas Batietílico, quien, por no perder su porte y su realeza, debe seguir las costumbres antiquísimas de los reyes medievales escandinavos, quienes afirmaban que el abolengo se llevaba en la piel y, por lo tanto, bañarse acabaría con su nobleza.

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