I.De Niiapabawi y la creación de los Wikxanaxanàxab
No hay principio ni continuidad, lo que es no es y, de la misma forma, lo que ha sido y lo que será es lo que es. Así, en el no principio había agua. Ella era la frontera de todo y dentro de ella se movía Iklobó, el que es Uno, expresión de Wixe, el que no es. Iklobó, llamado también Aranté, Tuani, Labome entre muchos otros nombres que le han dado sus criaturas. Iklobó, total y glorioso, mantenía el silencio, la inmovilidad y la oscuridad en la infinita frontera del agua. Y entonces, como el retoño del zaxaní, que un día brota pero no se sabe cuándo florecerá, Iklobó se reconoció en Wixe y todo comenzó a moverse, y cambió de orden, y se llamó Wiklobó. Y nada podía ser contado aún con las gavillas, y el día y la noche no eran sino un recuerdo perdido del futuro.
Wiklobó abrió lo ojos y no vio nada más que a él mismo como objeto de contemplación. Y las aguas dieron su primer respiro. Y arrojó luz por los ojos; por eso también lo llaman Niiapabawi. Y de la luz, concebida en el agua y fecundada por los ojos de Niiapabawi, nacieron los Wikxanaxanàxab o Cuatrocientos Un Espíritus, regentes del Todo y primeros hijos de Wiklobó, con quien compartían el ser, la voluntad y la acción. Y fueron originalmente blancos, pero en cada uno había una diferencia primordial y, así, comenzaron a arder cada cual según el color de su potencia. Y unos fueron blancos, como la nieve de las montañas; y otros azules, como los lagos de los valles; pero otros fueron verdes, como las aves que viven junto al Gran Océano; o rojos y ardientes, como los fuegos de los volcanes; o plateados e intermitentes, como las estrellas. Y el agua se llenó de burbujas para albergar a aquellos que por su naturaleza no podían tomar su verdadero color y temple.
Wiklobó los vio, los contempló a todos y sopló de su boca el movimiento. Y todo cambió. Entonces dijo:
-Vosotros sois mi pensamiento, y la luz de mi ser es en vosotros. Volveos siete, y de cada siete, aun siete, y así hasta llegar al siete incontable.
Y cerró los ojos.
Y ellos consumaron su libertad y ya no hubo fronteras para el agua, pues entonces la superficie fue concebida y ésta brotó burbujas y esferas, algunas con aire y otras con agua, y se dispersaron en el Únam, que es lo que sostiene todo. Y todas giraron en torno al Ik’únam, que es donde mora Wiklobó. Y desde entonces se alejan, se acercan y trabajan con la mente del que no es, en espera del día en que sus ojos se vuelvan a abrir y una nueva luz, ineludible e incognoscible por los Wikxanaxanàxab, se revele al Únam.
1 comentario:
me gusta que se conciban con la mirada, sabrás... los nombres me son demasiado enigmáticos
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